Interrogaciones en torno a la escritura

•28 agosto 2009 • Dejar un comentario

A algunas de las mujeres de mi familia se les ha ocurrido incursionar en la historia de nuestro apellido en común, en tratar de recomponer el rompecabezas que es la historia de una familia. Me pregunto cómo se denomina, en la teoría literaria, a esa ¿biografía familiar? No es una biografía, porque no trata sobre la vida de una sola persona. No es una novela, aunque de eso hablaré más tarde. No es un árbol genealógico, puesto que el árbol contiene año de nacimiento y muerte y la foto de la persona y también su posición dentro del árbol. Y poco más. Mis primas quieren anécdotas, historias de las vidas de la familia, porque quieren preservar para la posteridad lo vivido por los parientes y también, queremos que las  nuevas generaciones sepan cómo vivieron nuestros antepasados, cómo era su vida cotidiana, por qué tomaron, tal vez, las decisiones que tomaron. Cuando le dieron el Premio Nóbel a Gabriel García Márquez, su madre comentó que no entendía por qué lo hacían, ya que Gabo lo único que había hecho era contar las historias que en la familia se contaban. Esa reflexión, tan inocente como lúcida, me hizo pensar mucho todos estos años. Provenimos de una familia llena de historias, contadas una y otra vez, ninguna demasiado trágica, ninguna que tenga que ver con lo épico, con el nacimiento de la nación ni cosas por el estilo. Son, solamente, las vivencias, contadas una y otra vez, de hechos, circunstancias, sucesos, jocosos y dramáticos, tristes y alegres, en fin, comunes, que le sucedieron a la gente de nuestra  familia.

El problema es que me parece que me va a pasar lo mismo que a Gabo. Bueno, salvando las distancias, claro. Quiero decir, que cuando leí “Vivir para contarlo”, me sobrevino como una especie de decepción. En esa primera parte de su biografía, Gabo cuenta, sin realismo mágico, los mismos sucesos que en toda su obra. Claro, en clave de biografía. Y sentí gusto a poco. Sentí el sabor de la realidad y me faltó el sabor de lo novelado, lo ficcionalizado. Que a mí me gusta más y me dice más y lo saboreo mucho mejor.

Así que le dije a mis primas que si me pongo a escribir sobre la familia (por ahora, reservo el apellido), no sé, no podré no utilizar la clave de la ficción, porque, ¿qué es más portentoso que la propia realidad? Pero, eso sí, bien narrada. Que es lo que hizo Gabo, aunque su madre no vea ( o finja que no lo hace), no vea, digo, su genialidad literaria.

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Escribir como pasión y sanación

•14 agosto 2009 • Dejar un comentario

Escribir es una tarea ardua, difícil, lenta y generalmente tediosa. Hoy, que la computadora facilita tantas cosas, terminás un texto y te entran mil dudas. Te parece que es muy inferior a lo que quisiste expresar, que no encontraste las palabras, que no es la forma que le quisiste imprimir. Pero hay algo extraño. Algo que no lo he leído en ningún lado, por lo tanto debo decirlo a ver si se me aclara. En un texto, te tropezás con una palabra, armás una frase, encontrás una comparación o una metáfora. Es pequeña, es sutil, a veces, especialmente en mi caso, ni siquiera es muy original. Pero ese minúsculo pedazo de idioma, esa palabra que abriga un concepto, una percepción, un recuerdo, o un sentimiento, eso, abre en ti como una brecha, abre algo dentro de una. Y a partir de ese momento una ya no es la misma. Y, lo que es más importante, una se va sanando. Ese único hallazgo, sana, libera, limpia la llaga que una tiene dentro. No sé cómo, no sé por qué, no lo he encontrado expresado en los autores, tantos, que han escrito sobre el duro oficio de escribir. Es obvio que cuando lo encuentre, tal vez esté mucho mejor dicho de lo que aquí se expresa. Y si está mejor dicho, se los transmitiré.

El desarrollo, el pensar y la ignorancia

•10 agosto 2009 • Dejar un comentario

El verdadero progreso es de orden moral; lo demás, es comprar bienes”. Reunión de docentes de Literatura, un sábado, para decidir un tema importante que tiene que ver con el quehacer docente. Comenzamos hablando de Europa, de Mallorca, precisamente. Una de nuestras colegas ha estado allí, con una familia amiga. Cuenta que sólo se habla de euros y en euros. Ella espera el momento en que se comience a hablar de otra cosa, de algo importante, de algo vital, fundamental. Y no llega ese momento. Eso sí, cuántos euros cuesta ir a ver a la madre a una casa de salud, mandar a los hijos al colegio, el último auto, la última casa, el último… lo que sea. Y me pregunto qué piensan y con qué parámetros se miden los países desarrollados y los en vías de desarrollo y los países emergentes y todo ese lenguaje de los economistas internacionales.

Para mí, desarrollo es poder pensar, poder amar, poder compartir; desarrollo es que la gente más pobre pueda formar una cooperativa y comience a trabajar, haciendo veredas. Desarrollo son los niños con las xo, en Uruguay. Desarrollo es pensar, aunque se coman bizcochos y no sándwiches de bondiola y crema de apio, como sirvió la esposa de un presidenciable de aquí, del Partido Nacional(mientras se hablaba de arrasar con una motosierra los planes que incentivan a los más pobres a estudiar, a trabajar, a cuidarse la salud, a enviar sus hijos a estudiar, a formar cooperativas, etc.). (Aquí también hay idiotas, lamentablemente). Desarrollo es extender la mano y tomar un libro y compartirlo. No importa cuánto costó y tal vez se compró de segunda mano. Desarrollo es poder pensar, independientemente de los muchos o pocos euros que se tenga en el bolsillo. Desarrollo es ser agudo mentalmente y encontrarse con un amigo y saber que el encuentro no tiene nada que ver con los euros. Desarrollo es disfrutar de lo que se tiene, saber descansar, tomar tranquilamente el mate con la familia, escuchar una música antigua, tender redes para el momento del goce y también para el momento del duelo.

Saramago lo dijo mejor que yo. “El verdadero progreso es de orden  moral (y yo le agregaría espiritual y mental). Lo demás, es comprar bienes”. No veo desarrollo en Europa. Veo consumismo y eurocentrismo. ¡Lástima, porque los europeos se pierden el resto del mundo, o sólo van de turistas! Y el resto del mundo es muy interesante y… piensa. No siempre consume.

sangre

•6 agosto 2009 • Dejar un comentario

¿quiénes son ustedes, sangre de mi sangre?

¿qué dicen sus miradas que acarician la lejanía?

¿cuándo han llorado sobre almohadas duras?

¿qué nos ha unido,

¿qué nos ha separado

¿qué nos tiene juntas, aunque nos separen océanos?

¿qué recuerdos cada una de nosotras guarda, atesora

y le sirven para correr el ómnibus,

amar,

sentir,

trabajar,

parir?

niñas éramos,

niñas,

y luego crecimos

y luego lloramos

y luego amamos

y luego vivimos

pero  siempre, siempre,

aquellos primeros momentos

aquellas cosas que vivimos

aquella niñez

aquella época,

ni buena,

ni mala,

pero nuestra,

aquella,

nos ayudó, nos acompañó, nos protegió

y ahora,

ahora que la vida ya es más lenta

que el paso está más calmo,

la voz más ronca,

que hemos conocido la muerte

de quienes jamás pensamos que se irían,

ahora que nuestros hijos ya tienen hijos

que corren a su trabajo

que proyectan su propia vida

ahora,

que doblamos el codo

y pasamos a la otra mitad de la vida

ahora

que ayudamos a los viejos a vivir más,

ahora,

es nuestro momento.

atrás quedó la juventud

atrás las prisas, las pasiones,

el correr,

ahora,

vamos a vivir la otra mitad de nuestra vida.

Remedios, la bella

Agosto de 2026 Vendrán lluvias suaves

•3 agosto 2009 • Dejar un comentario

Bueno, amigos y amigas, sé que entre Uds. habrá lectores, esos frikis del libro, esos sonámbulos que viven mil vidas en una, esos trasnochados cuya mirada va mucho más allá de lo que ve, esa gente que lleva siempre un libro, en el bolsillo, en la maleta, en los brazos, esas gentes que miran siempre y ven…el Universo entero. Esa gente, cuando abrió este blog, ya sabía por qué se llamaba así.

Pero, amigos, amigas, no todo lector ha leído todo lo que hay. No basta una vida humana para leer todo lo que una desearía y necesitaría leer. Para ellos, va esta explicación. Y para los que ya lo sabían, bueno, levántense, vayan hasta el estante correspondiente y reléanlo. Vale la  pena.

El nombre del blog hace referencia a una de las “Crónicas marcianas”, de Ray Bradbury. Datos sobra el libro no les daré, pues Internet les puede proveer de todos lo que quieran.

En “Agosto de 2026”, Bradbury recrea, a su manera apocalíptica, el fin de la civilización terrestre. Pero él no podía con su genio. Veía el peligro, pero también veía más allá, el resplandor que se vislumbra después de la catástrofe. Por eso, termina su libro con una crónica titulada “Octubre de 2026 El picnic de un millón de años”.

Eligió para la fecha del estallido de la guerra nuclear de ficción, dos días significativos para la humanidad: “Agosto de 2026” comienza el día 4 de agosto, a la hora en que la familia de una casa domótica debe ir a trabajar y a la escuela, y termina el día 5 de agosto, con la autodestrucción de la casa, verdadera protagonista de la historia, porque los seres humanos que la habitaban apenas si son manchas en la pared ennegrecida por la explosión atómica. Recuerden lo que pasó el día 6 de agosto, la fecha real, no en la ficción. La primera edición de las “Crónicas…” es de 1955, diez años después de Hiroshima y Nagasaki.

¿Qué me pasa a mí con Agosto de 2026? Me encanta. Me gusta la casa. Me gusta lo que la casa es para sus habitantes, me gusta cómo se comporta, y me gusta, especialmente, recordar la primera vez que lo leí. Cómo era de extraño y sorprendente ese mundo y cómo me llenaba de “terror y soledad” como dijo Borges en el Prólogo a la edición en español.

Sin embargo, el tiempo pasó. No importa el orden, pero fueron llegando: los celulares, la televisión por cable, los vídeos, los dvd, los mp3, la computadora gigantesca y ahora las Xo. E Internet, y con Internet, la aldea global, de Mc Luhan. Las radios, los automóviles, las puertas que se abren solas, y, poco a poco, de manera natural, sin que nos diéramos cuenta, esos objetos están presentes en nuestra vida. Pronto será el I book, con veinte mil volúmenes, que ya se vemde en Japón y cuesta U$ 500. Estará al alcance de mucha gente, de millones de personas en el mundo entero.

Los apocalípticos pronosticaron el fin de… la familia, la amistad, la fraternidad, el compañerismo, el amor, la solidaridad, en fin, el final de los valores relacionados con lo humano, con nuestros sentimientos, emociones y con nuestra alma.

De mí debo decir que tengo más contacto con mi familia que está lejos, que lo que nunca lo hubiera tenido viviendo aquí mismo. Que me encantan mis amigos (los mismos de siempre) desde sus correos electrónicos. Ya sea que escriban poco o mucho, manden una oración o un chiste, ahí están y los conozco más y mejor de lo que los conocía antes. Porque se muestran más.

Y cuando he tenido duelos, ¡vaya si he tenido numerosos duelos!, el consuelo era encontrar sus palabras de aliento, sus mensajes, su sostén constante y fuerte. Y he transitado así el último duelo, la muerte de mi hermano, pues no se podía hacer de otra forma. Era por el medio electrónico que podía y puedo expresar algo de lo mucho que me ha dolido perder a mi hermano.

Las generaciones actuales son integradas. No dudan de que estos inventos y otros verán en sus vidas y lo toman como natural. Somos nosotros, los de las generaciones nacidas en las décadas del 50 y 60 que aún oscilamos entre ser apocalípticos o integrados.

No sé cómo leerán las nuevas generaciones las “Crónicas marcianas”. Ya me fue muy difícil analizar con mis estudiantes del año 2008 el cuento “El asesino”, pues les costaba mucho conceptualizar la ciencia ficción.

Eso sí. Lo que Bradbury siempre transmitirá es el amor por lo humano, la importancia del HOMBRE, como rey de la civilización o de las civilizaciones y la creencia en un mundo mejor, más perfecto y más justo, aunque la forma de decirlo sea en clave de ciencia ficción.

Las conquistas de las que gozamos deberán ser para todos. Es ahí que dejaremos de temer una guerra nuclear que arrase la civilización, pues tal vez fue mayor el sufrimiento de toda la humanidad y la brutalidad desplegada por el hombre en toda la historia civilizatoria, que el sufrimiento causado por una sola bomba atómica. Basta repasar la historia para aprender que la bomba atómica no es lo peor, no lo fue, no lo será. El hombre mismo, sus aspectos más oscuros y demoníacos son la peor bomba atómica del Universo.

Aquel perro rabioso

•19 julio 2009 • Dejar un comentario

 

¿Por qué leemos? Esta pregunta puede contestarse de muchas maneras. Pero una de ellas es ésta. Alguien nos leyó un día. Una vez formábamos un grupo de adolescentes y jóvenes, muy jóvenes, que salíamos los fines de semana. Era Montevideo y era la dictadura, pero yo lo ignoraba. Ignoraba lo que afuera estaba sucediendo e ignoraba toda la vida. Mis días transcurrían en una insoportable soledad, en una nostalgia de una casa, de mi familia, de mi hermano… de otro tipo de vida, la que conocía. Porque generalmente, nuestra nostalgia tiene que ver con lo conocido. Añoramos lo que conocemos. O añoramos lo que no conocemos y queremos conocer. Pero divago, como siempre.

Decía que éramos un grupo de adolescentes y jóvenes, que esperábamos para ir a una discoteca. No sé qué sábado era. No sé por qué esperábamos a un miembro del grupo, que aún no llegaba. No sé cómo empezó. Sólo sé que mi prima Sonia tomó un libro y comenzó a leer “El perro rabioso”. Alguien, tal vez ella misma, encendió una luz indirecta y apagó la cenital. Y a medida que leía y leía, yo iba sintiendo el terror, la soledad profunda, el horror de sentirse paria, la soledad a cielo abierto de Misiones. Tanto, que pensaba que el personaje subiría por la escalera y llegaría hasta nosotros. El cuento terminó. Nuestro amigo llegó y la noche finalizó en la discoteca.

Pero para mí, la penumbra del recibidor de mi tío, el hueco de la escalera, por donde pensaba que podía subir el personaje, forman una parte indeleble de mi adolescencia y son mil veces más importantes que el baile en la discoteca. Muy probablemente, ni siquiera recuerden, aquellos jóvenes, ese momento en especial. Para mí fue clave.

Yo ya lo sabía. Pero ese día, una vez más, sentí que mientras hubiera un libro a mano, la huesuda soledad podría ser burlada y la melancolía se retiraba a un rincón, sombría y derrotada.

Gracias, Sonia, aunque los demás no se acuerden. Yo sí.

Remedios, la bella

Imagen de cabecera

•17 julio 2009 • Dejar un comentario

Como aún sé muy poco de cómo hacer un blog, no logro encontrar la función corrrecta. Pero, eso, sí, noblesse obligue, la imagen de cabecera que luce el blog  es parte de un cuadro que pertenece a la pintora sanducera VIRGINIA INÉS GARCÍA GARCÍA y que Uds. pueden ver en su página web.